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Hace unas semanas estaba en la facultad donde estudio y me dirigía a la cafetería cuando a lo lejos vi que venía una chica con la cabeza agachada y un collarín en el cuello. En ese momento recordé que una amiga de generación, a la que hace mucho no veía, pero sabía que recientemente había tenido un percance automovilístico y usaba collarín. Eso estaba pensando cuando la chica levanta su cara, me ve y grita ¡Sam! Me sorprendió darme cuenta que esa chica era la amiga en la que estaba pensando. La saludé y le pregunté como estaba, me respondió – ¡Mal, Sam! Mi mamá, tiene cáncer. Comenzó a llorar mientras me lo decía. Estaba desecha, el año pasado su mamá estuvo en tratamiento por cáncer de seno. Hacía 3 meses el cáncer volvió. Un tumor en la columna le quitó la movilidad en las piernas. El hermano de mi amiga tiene conocimientos médicos y le había adelantado un futuro devastador, le dijo que era cáncer en los huesos, que su mamá iba a sufrir de terribles dolores y que lo más probable es que fuera metástasis.
Ese día mi amiga fue buscado apoyo y consuelo en otros compañeros de generación, que nada pudieron hacer. Cuando la encontré iba de salida rumbo al médico, que le quitó el tumor de la columna a su madre, para recoger los resultados de la biopsia. Había decidido ir sola, pues aún no quería preocupar a sus padres y su hermano sin ninguna esperanza no la quiso acompañar. Platicamos por un rato, le hablé del amor de nuestro Señor Jesucristo, de su obra maravillosa y de lo que dice la Biblia, “Él llevó todas nuestras enfermedades en la cruz del calvario”, “por sus llagas fuimos sanados”. Ella estaba devastada y le era difícil tener fe.
Me ofrecí a acompañarla a ver al médico, en el camino me contó de sus miedos, de los momentos que parecía que le faltaba la fe. Yo seguía compartiéndole de que el Señor solo pedía fe como un granito de mostaza, le conté de los milagros de Jesús que registra la Biblia, de los milagros que he visto en mi vida de cristiana. Y antes de llegar al consultorio le conté de Jairo y le dije –No temas, cree nada más (Mc 5:36). No escuches las palabras del médico, sólo escucha a Jesús que te dice “No temas, sólo cree”. El doctor no nos pudo recibir pues tenía un paciente que atender, pero le pidió a mi amiga que sacará cita para dentro de 2 días pues tenía que hablar con ella largo y tendido.
Salimos de ahí y en el camino le volví a decir, no escuches al médico, escucha a Jesús; no temas solo cree. La invité a mi casa, para que se “tranquilizara” antes de llegar a su casa con su mami. Mi intención era que mi mamá, ella y yo oráramos juntas. Diosidentemente mi madre le dijo lo mismo que yo, lo que la Biblia dice, la obra de Jesús, exactamente los mismos milagros y testimonios que le había contado, ¡le hablo de Jairo! Por el don de ciencia mi mamá le dio palabras de consuelo y de fe sobre los miedos que sentía mi amiga, de que a veces le faltaba la fe, en fin, cada palabra de lo que ella me había contado a mí camino al consultorio y de lo cual mi mamá no sabía nada.
Mi mamá le preguntó que si creía que Jesús podía sanar a su mamá, y contesto con un dubitativo sí. Le dijo que lo único que el Señor pide es fe del tamaño de un grano de mostaza. Oramos y vino a mí el pasaje del rey Ezequías, donde Dios le alarga 15 años más de vida. Dije, Dios tu puedes alargar la vida de la mamá de mi amiga como lo hiciste con Ezequías, porque Tú tienes misericordia de quien tienes misericordia. Tú deseas que esta familia te conozca.
Mamá le dio a mi amiga un librito de los que regalamos en CCI a las personas que nacen de nuevo. Ella se fue con una paz en su corazón que jamás había sentido. Tres días después me llamó para pedirme que la acompañara con otro médico, el oncólogo que anteriormente había atendido a su mami, para mostrarle los resultados de la biopsia y otros exámenes. Llego a mi casa en la mañana muy angustiada, su papá evadía el problema, su hermano no la apoyaba e incluso planeaba irse a Estados Unidos, en otras palabras sentía un gran peso y responsabilidad sobre sus hombros. Mi mamá la abrazo y le dijo que el Señor solo necesitaba que una persona de su familia le creyera, le preguntó si quería recibir a Jesús como su Señor y Salvador, ella comenzó a llorar y dijo que sí, entonces la condujo en oración. Después volvimos a orar por su mamá. Mientras oramos vino a mí el pasaje de Mat 18:19-20 »Además les digo que si dos de ustedes en la tierra se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan, les será concedida por mi Padre que está en el cielo. Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Entonces mi oración fue “Padre, aquí hay 4 que estamos de acuerdo sobre la sanidad de la mamá de Jessy. Ella, mi mamá, Tú y yo reunidos en el círculo de la deidad. ¡Estamos de acuerdo!, ¡Estamos de acuerdo!
Después de nacer de nuevo, nos contó que médico le dijo lo que temía, era metástasis y lo más probable era que las células malignas habían invadido el cerebro de su mami. Mi mamá le dijo que era importante orar también con ella. Dijo que sí, y declaró por ella misma que su mamá era sana, que en su nombre llevaba el nombre de Jesús, María de Jesús, en su nombre estaba el milagro.
También dijo que ella y su mami habían “rezado” las oraciones del libro que le dio mi mamá y que esa noche después de varios meses habían dormido tranquilamente. Y nos pidió otro para que cada una tuviera uno. Aunque su papá no se unía en la oración con ellas nos dijo que él solito tomaba el libro para orar a aparte.
Nos fuimos al consultorio del oncólogo, ella se fue todo el camino declarando “Mi mamá es sana por las llagas de Jesús, mi mamá es sana en el nombre de Jesús”. Yo la apoyaba declarando, “Señor estamos de acuerdo, estamos de acuerdo en la sanidad de María de Jesús”. Me preguntó que si era bueno repetir tantas veces “mi mamá es sana, mi mamá es sana”. Le dije que por supuesto que no es malo, que siguiera declarando, “mi mamá es sana en el nombre de Jesús”. Y así nos fuimos todo el camino
Llegamos con el oncólogo y me sorprendió la calidez humana de todos (recepcionista, enfermera y médico). También me sorprendió mi amiga pues se disculpó con la recepcionista por cómo le había hablado por teléfono el día anterior. La señorita de recepción había llamado para confirmar la cita y mi amiga aun no hablaba con su mami, así que considero muy imprudente la acción de la recepcionista, que no tenía conocimiento de ello. Me impresionó la humildad de mi amiga, a pesar de lo que estaba viviendo, reconoció su actitud equivocada y se disculpó.
El oncólogo vio los análisis y le dijo que podía tratar a su mamá, no la desahució, sólo le dijo que necesitaba unas pruebas para asegurar que no hubiera células malignas en su cerebro, por la ubicación del tumor extirpado. Mi amiga salió con más esperanza y afuera del consultorio agradecimos al Señor.
De regresó platiqué con ella al respecto de la batalla que se avecinaba. Su mami entraría en tratamiento y debían de reforzar su fe en el Señor todos los días. Le dije que ella ya sabía lo que era enfrentar esa situación sin el Señor y con el Señor, que ella misma había vivido la diferencia y que no volviera atrás, que continuara la batalla de la mano del Señor.
Cuando me dejó en mi casa mi mamá, ella y yo volvimos a dar gracias a Dios y cuando se despidió nos dijo que no sabía que era pero que se sentía muy bien cuando estaba en mi casa, que hablábamos “muy bonito”. Mi mamá le explicó que no éramos nosotras sino la presencia del Espíritu Santo. Antes de irse confesó que cuando su mami estaba en el hospital muchos amigos y conocidos le dieron imágenes estampas y que ella hacia todo lo que le decían, hasta una corona de la misericordia y más cosas, pero que en el fondo se preguntaba de que servía todo eso. Pero que los últimos días habían sido muy diferentes y que sabía que era Dios quien me había puesto en su camino cuando nos encontramos en la facu. Wow! Es impresionante como not la diferencia entre tantas cosas y nuestro Dios verdadero. Se despidió y le animamos a leer su Biblia.
Una semana después por Messenger me escribió que en los resultados de los exámenes que le mandó hacer el oncólogo a su mami no aparecía metástasis, que no era lo que le habían dicho al principio.
¡A Él sea la Gloria, él es grande y poderoso! ¡Nuestro Dios es un Dios real, fiel! Él es quien tiene la última palabra. Él cambia diagnósticos médicos. Él es un Dios de milagros. Jesús aún es el mismo de ayer, hoy y siempre. Y sólo pide fe como un grano de mostaza. Le llamé a mi mamá de inmediato y seguimos glorificando a Dios.
Mi amiga también me dijo que su mami quería que la visitáramos en su casa y quedó de decirnos que día.
Así concretamos la cita y mi mamá y yo visitamos a su mami, y fue algo inesperado pero lo contaré en el siguiente post.